Tomar un café a media tarde. Ver la gente pasar. Imaginar en que trabajan. Como se llaman. Mientras que ellos están inmersos en sus idas y venidas. En la necesidad de ir corriendo y no disfrutar de lo que les rodea. Tomar un café en la misma cafetería de siempre. En la misma mesa de siempre. Pero cada día con una persona a la que observar diferente.

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